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  • “¿Qué quiso decir con eso?”: emociones, WhatsApp y todo lo que interpretamos entre un mensaje y otro

    “¿Qué quiso decir con eso?”: emociones, WhatsApp y todo lo que interpretamos entre un mensaje y otro

    Un mensaje puede contener apenas unas palabras y, aun así, quedarse dando vueltas en nuestra cabeza durante horas.

    “Buen día.”
    “Que descanses.”
    “Después hablamos.”

    Y comienza la interpretación.

    ¿Por qué respondió así? ¿Estará distante? ¿Le habrá molestado algo? ¿Por qué ayer conversamos durante horas y hoy apenas escribió? ¿Ese emoji significará algo? ¿Y por qué vio el mensaje y todavía no responde?

    WhatsApp, Instagram y otras plataformas digitales forman parte cotidiana de la manera en que hoy conocemos personas, mantenemos conversaciones y construimos vínculos. Y aunque nos permiten estar comunicados prácticamente en cualquier momento, también introducen una particularidad: recibimos mucha información del otro, pero al mismo tiempo nos falta una enorme cantidad de contexto.

    Cuando además existe interés afectivo, esa falta de información puede convertirse en terreno fértil para las interpretaciones.

    Cuando podemos pasar horas hablando con alguien

    Hay encuentros que comienzan de manera particularmente intensa.

    Dos personas empiezan a conversar y, casi sin darse cuenta, pasan horas escribiéndose. Después llegan los audios, las conversaciones nocturnas, las historias personales, los recuerdos familiares, las relaciones anteriores, los proyectos, los gustos o aquello que normalmente no contaríamos a cualquiera.

    En poco tiempo podemos sentir una cercanía sorprendente.

    Y esa sensación no tiene necesariamente nada de imaginaria.

    Una investigación experimental publicada en 2025 estudió precisamente qué ocurre cuando dos personas que no se conocen mantienen conversaciones íntimas, ya sea presencialmente o mediante mensajes de texto. Los resultados mostraron que las conversaciones caracterizadas por autorrevelación y reciprocidad favorecían la conexión interpersonal también cuando se producían mediante mensajería.

    Es decir, podemos sentirnos realmente conectados con alguien a través de una pantalla.

    Sin embargo, sentir mucha cercanía en poco tiempo no significa necesariamente conocer profundamente a esa persona.

    Podemos saber cómo fue su infancia, qué música escucha, cuál fue su relación anterior o qué cosas le preocupan. Pero conocer a alguien también requiere tiempo: observar la coherencia entre lo que dice y hace, cómo responde frente a los límites, cómo maneja las diferencias y cómo se comporta cuando la conversación deja de ser novedosa o entretenida.

    Una conversación intensa puede mostrarnos muchísimo de una persona. Pero sigue siendo solamente una parte de ella.

    Cuando la frecuencia también comienza a significar algo

    Después de varias conversaciones largas ocurre algo interesante: sin que nadie necesariamente lo haya acordado, comienza a establecerse un ritmo de comunicación.

    Tal vez era habitual recibir un mensaje al despertar.

    O conversar durante gran parte del día.

    O terminar cada noche hablando durante horas.

    Y entonces, un día, ese patrón cambia.

    La persona responde menos. Demora varias horas. El mensaje es más breve. No aparece el saludo habitual.

    Objetivamente puede haber ocurrido muy poco.

    Emocionalmente, en cambio, podemos sentir que ocurrió muchísimo.

    Un estudio publicado en 2024 sobre mensajería en relaciones románticas que estaban comenzando encontró que podían desarrollarse expectativas de una comunicación continua, rápida y transparente. Elementos aparentemente pequeños, como el tiempo de respuesta o las confirmaciones de lectura, terminaban formando parte de las expectativas dentro del vínculo.

    Por eso muchas veces no reaccionamos solamente al mensaje que recibimos.

    Lo comparamos con los anteriores.

    No pensamos simplemente:

    “Me respondió ‘buen día’.”

    Pensamos:

    “Ayer estuvimos hablando durante cinco horas y hoy solamente me puso ‘buen día’.”

    Y esa comparación cambia completamente nuestra experiencia emocional.

    WhatsApp nos muestra palabras, pero no siempre el contexto

    En una conversación cara a cara tenemos muchas otras fuentes de información.

    Escuchamos el tono de voz. Vemos la expresión facial. Percibimos las pausas, la mirada, la postura corporal y el contexto en que algo fue dicho.

    En un mensaje escrito, buena parte de esas señales desaparece.

    Entonces intentamos recuperarlas utilizando otros elementos.

    Un punto final.
    Un “jajaja”.
    Un corazón.
    Una respuesta de una palabra.
    Un audio de tres minutos.
    La ausencia del emoji que normalmente utilizaba.

    Los emojis, de hecho, pueden funcionar como verdaderas señales sociales y ayudarnos a interpretar mejor la intención emocional de un mensaje.

    Por eso probablemente no sentimos exactamente lo mismo cuando alguien escribe:

    “Descansa.”

    que cuando escribe:

    “Descansa 😊”

    o

    “Descansa ❤️”

    La información verbal cambia muy poco, pero nosotros podemos atribuirle un significado interpersonal diferente.

    El problema es que no interpretamos desde un lugar completamente neutral

    Cuando tratamos de descubrir cómo se siente alguien a través de sus mensajes, creemos estar observando exclusivamente al otro.

    Pero nuestra propia emoción también puede participar de esa lectura.

    Una investigación publicada en BMC Psychology en 2025 estudió la capacidad de integrantes de parejas para identificar el estado emocional de la otra persona mientras se comunicaban mediante mensajería. Los investigadores encontraron evidencia tanto de cierta precisión para seguir el estado emocional de la pareja como de un sesgo de similitud asumida: el propio estado afectivo podía influir en cómo se estimaba el del otro.

    Dicho de una manera más cotidiana:

    a veces creemos estar leyendo al otro, pero una parte de lo que estamos leyendo también viene de nosotros.

    Si estoy insegura respecto del vínculo, un mensaje breve puede parecerme distante.

    Si estoy muy entusiasmada, quizá interprete determinadas señales como evidencia de un interés mayor.

    Si estoy molesta, puedo leer frialdad.

    Si tengo miedo de que la persona se aleje, un par de horas sin respuesta pueden adquirir una importancia enorme.

    Eso no significa que nuestras percepciones sean falsas ni que debamos desconfiar de todo lo que sentimos.

    Significa algo bastante más simple: sentir algo frente a un mensaje y saber con certeza qué quiso decir la otra persona son dos cosas diferentes.

    Las redes sociales también forman parte del vínculo

    Lo digital ya no funciona solamente como una herramienta externa a nuestras relaciones.

    Las conversaciones, las historias de Instagram, las reacciones, los “me gusta”, la disponibilidad, las confirmaciones de lectura y los límites respecto de lo que hacemos o no hacemos en redes pueden terminar integrándose a la propia dinámica relacional.

    Investigaciones recientes publicadas en español han mostrado precisamente que las redes sociales pueden convertirse en escenarios donde aparecen dinámicas emocionales y relacionales relevantes.

    García Valcárcel y Moral-Jiménez (2024), por ejemplo, estudiaron en jóvenes españoles las relaciones entre dependencia emocional y comportamientos de cibercontrol y ciberagresión dentro de relaciones de pareja. El estudio no implica que preocuparse porque alguien no responda sea un indicador de dependencia; sí muestra que el espacio digital puede adquirir un peso psicológico importante dentro de los vínculos contemporáneos.

    Y las transformaciones no ocurren solamente dentro de relaciones establecidas.

    También han cambiado las maneras de comenzar, definir y terminar los vínculos.

    Una investigación etnográfica publicada en español en 2025 analiza precisamente la incertidumbre y la negociación entre independencia y conexión emocional dentro de nuevas formas de relación afectiva.

    Esto ayuda a entender por qué hoy una relación puede contener mucha conversación, intimidad e incluso afecto y, simultáneamente, mantener una enorme ambigüedad respecto de lo que significa.

    Hablar mucho no necesariamente responde la pregunta “¿qué somos?”

    Dos personas pueden hablar prácticamente todos los días.

    Pueden conocerse detalles personales.

    Pueden acompañarse, coquetear, compartir preocupaciones e incluso desarrollar una fuerte conexión emocional.

    Pero ninguna cantidad de mensajes sustituye necesariamente una conversación acerca de qué está esperando cada persona de ese vínculo.

    Podemos confundir fácilmente:

    intensidad con estabilidad,
    frecuencia con compromiso,
    intimidad con claridad.

    Y no son exactamente lo mismo.

    La conexión puede existir antes que la definición.

    Incluso puede existir sin que alguna vez llegue a haber una definición compartida.

    Por eso, cuando la comunicación cambia, también puede aparecer una sensación particularmente desconcertante: sentimos que algo importante está ocurriendo, pero quizá nunca tuvimos suficiente información para saber exactamente qué era aquello que estábamos construyendo.

    Lo que ocurrió versus lo que mi mente explicó

    Una herramienta sencilla puede ayudarnos cuando sentimos que un mensaje nos está generando demasiadas interpretaciones: separar el hecho de la explicación.

    Por ejemplo:

    Hecho: “Vio mi mensaje y respondió tres horas después.”
    Interpretación: “Perdió el interés.”

    Hecho: “Hoy escribió menos que ayer.”
    Interpretación: “Algo cambió entre nosotros.”

    Hecho: “Respondió ‘que descanses’.”
    Interpretación: “Me lo dijo para terminar rápidamente la conversación.”

    La interpretación puede resultar correcta.

    Pero todavía sigue siendo una interpretación.

    Antes de convertirla en certeza, puede servir preguntarnos:

    ¿Qué sé realmente?
    ¿Qué estoy suponiendo?
    ¿Esto ocurrió una vez o estoy observando un patrón?
    ¿Existen otras explicaciones posibles?

    No se trata de ignorar nuestra intuición.

    Se trata de darle también espacio a la evidencia.

    Quizás no necesitamos dejar de interpretar, sino interpretar con un poco más de cautela

    Las relaciones humanas siempre han necesitado interpretación.

    Antes esperábamos una llamada, una carta o una visita.

    Hoy podemos saber incluso que alguien estuvo conectado hace pocos minutos y todavía no respondió nuestro mensaje.

    Tenemos mucha más información que antes, pero eso no significa que necesariamente tengamos más certezas.

    Las redes sociales y la mensajería nos permiten crear vínculos, experimentar intimidad y sentir emociones genuinas. Al mismo tiempo, nos exponen constantemente a pequeñas señales cuya explicación desconocemos.

    Y cuando alguien nos importa, esas señales pueden sentirse enormes.

    Quizás el desafío no consista en dejar de preguntarnos “¿qué habrá querido decir?”, porque probablemente seguiremos haciéndolo.

    El desafío puede ser recordar que entre lo que la otra persona escribió y lo que nosotros entendimos existe un espacio.

    Y en ese espacio participan nuestras expectativas, nuestras experiencias anteriores, nuestros temores, nuestros deseos y también aquello que esperamos que ocurra.

    A veces un mensaje efectivamente dice mucho.

    Y otras veces somos nosotros quienes terminamos escribiendo mentalmente todo lo que el mensaje nunca dijo.

    Escrito por Zaida Ramírez M., Psicóloga

    Referencias

    García Valcárcel, M., & Moral-Jiménez, M. de la V. (2024). Dependencia emocional, ciberviolencia y control a través de las redes sociales en relaciones de pareja entre personas jóvenes. Actualidades en Psicología, 38(137), 90–105. DOI: 10.15517/ap.v38i137.53797.

    Fernández García, S., Sánchez Valle, F., & González Enríquez, I. (2025). «Emociones ghosting», una economía emocional entre la subjetividad individual y la relacionalidad. Revista de Antropología Social, 34(1), 45–56. DOI: 10.5209/raso.101937.

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    Leckfor, C. M., Wood, N. R., Slatcher, R. B., & Orehek, E. (2025). Not such fast friends? The effect of intimate conversation on social connection in text-based getting acquainted interactions. Journal of Social and Personal Relationships, 42(11), 3272–3294. DOI: 10.1177/02654075251367137.

    Steinebach, P., Stein, M., & Schnell, K. (2025). Messenger-based assessment of empathic accuracy in couples’ smartphone communication. BMC Psychology, 13, 147. DOI: 10.1186/s40359-025-02483-9.